Las pantallas del centro que nadie tiene que tocar
El problema de las pantallas de un instituto no es técnico. Es que acaban mostrando el mismo cartel durante tres semanas porque cambiarlo significa bajar al vestíbulo con un pendrive. Explicamos cómo Kiosko hace que publicar sea cosa de un minuto desde cualquier ordenador, y qué hace falta para montarlo.

Casi todos los centros tienen alguna pantalla. En el vestíbulo, en la sala de profesorado, en el taller. Y casi todas muestran lo mismo desde hace semanas: un cartel de una actividad que ya ha pasado, un horario del curso anterior, o directamente el logotipo del fabricante del televisor. No es que nadie tenga nada que decir. Es que decirlo significa preparar un fichero, buscar un pendrive, bajar hasta la pantalla, enchufarlo y esperar que el televisor lo lea. Y nadie tiene tiempo para eso un martes a las diez.
Kiosko nació en la Escola Industrial para quitar ese camino. Publicar en una pantalla del centro es escribir en un formulario desde cualquier ordenador, y la pantalla se refresca sola.
Un panel no es una pantalla
La primera idea es separar lo que se muestra de dónde se muestra. Un panel es una disposición completa de pantalla: la cabecera y los bloques que van debajo, cada uno con título, texto, imagen y fechas. Una pantalla es un aparato físico que apunta a un panel.
Varias pantallas pueden compartir el mismo panel, o cada una puede mostrar uno distinto. El vestíbulo muestra los avisos generales, el taller sus salidas, la sala de profesorado lo que toca al claustro. Y cambiar qué panel muestra una pantalla es marcar una casilla.
Lo que caduca solo
La segunda idea es que los avisos tienen fecha. Cada bloque admite una ventana de publicación, desde qué día y hasta qué día, y fuera de esa ventana desaparece de las pantallas sin que nadie vuelva. Secretaría prepara los plazos de matrícula el lunes, pone la fecha de cierre, y el día que acaba el plazo el aviso ya no está. Un departamento cuelga la salida de la semana que viene con la fecha del día de la salida, y después la pantalla vuelve a estar limpia.
Esto es lo que hace que las pantallas no se queden viejas: no hace falta que alguien se acuerde de quitar nada.
Quién publica
El otro problema de las pantallas de centro es que hay una sola persona que sabe cómo se hace. En Kiosko, cada persona del centro que tiene que publicar tiene su usuario, y lo gestiona el propio centro desde el panel de control. Secretaría pone plazos y documentación pendiente. Cada departamento pone sus actividades sin pedírselo a nadie ni esperar turno. Dirección ve, de un vistazo, qué muestra cada pantalla y cuándo se actualizó por última vez.
Como un texto pensado para leerse en una hoja no se lee de lejos, hay un botón de redacción asistida que lo reescribe para que funcione en una pantalla, con un contador de caracteres al lado. No es para escribir por ti: es para que nadie publique un párrafo de doce líneas en un monitor que se mira de pasada.
Más que el panel
Cada pantalla puede alternar el panel de Kiosko con cualquier otra web del centro: la de sostenibilidad, la liga escolar, un muro de clase. Se define una lista de direcciones con los segundos de cada una, y la pantalla las va rotando. Los tiempos se cambian desde el navegador.
Y la cabecera del panel puede llevar contadores de sostenibilidad, agua, reciclaje, energía, árboles y dióxido de carbono, que van creciendo y que dan al proyecto ambiental del centro una presencia diaria que ningún cartel le da.
Montarlo en un monitor
No hace falta comprar nada especial. Sirve cualquier monitor o televisor con Android, de la versión 8 en adelante, y si el que tenéis no lo lleva, un reproductor Android de unos veinte euros conectado por HDMI hace el trabajo. Los paneles están pensados en vertical, pero funcionan en horizontal.
La aplicación de la pantalla es un fichero de instalación que se descarga de la web de Kiosko. Si el monitor tiene navegador o tienda de aplicaciones, se instala desde allí. Si no, se copia el fichero a un pendrive USB, se conecta al monitor, se abre desde el gestor de archivos y se acepta la instalación de orígenes desconocidos, una sola vez. Al abrirse pide un único dato: la dirección de la pantalla.
A partir de aquí, la pantalla no guarda nada. Solo sabe qué pantalla es y consulta el servidor cada pocos minutos para ver qué tiene que mostrar. Si el servidor dice que esa pantalla está desactivada, se apaga. No hace falta volver nunca.
Qué no resuelve
Como siempre, lo que no hace.
Hace falta un usuario y una contraseña. Es la única herramienta nuestra que no entra con la cuenta de Google, y es a propósito: una pantalla no es de nadie, y quien la gestiona puede cambiar sin que cambie la pantalla. Pero significa que el centro tiene que dar de alta a sus usuarios y guardar las contraseñas como toca.
No es para comunicar con las familias. Las pantallas son del centro, para quien está en él. Para la comunicación con las familias, El Taulell es la herramienta que estamos construyendo.
El contenido lo ponéis vosotros. Kiosko hace que publicar sea fácil. Que haya cosas que publicar depende de que secretaría, departamentos y dirección lo adopten. Nuestra experiencia es que lo hacen cuando ven que cuesta un minuto, pero la primera semana hay que empujar.
Para empezar
La web de Kiosko explica el montaje paso a paso y tiene el fichero de instalación. Es gratuito para centros educativos. Si lo queréis, pedid el alta y os creamos la cuenta del centro en el gestor; a partir de ahí, los usuarios y las pantallas los gestionáis vosotros.
Y si lo que queréis mostrar en las pantallas es el progreso ambiental del centro, Aules Sostenibles es de donde salen los contadores de la cabecera.