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Hacer los equipos en el patio con tarjetas de colores, y por qué el móvil sobra

Una jornada de Educación Física se decide en el primer minuto, cuando se hacen los equipos. Es donde alguien se queda fuera, donde alguien manda y donde el docente pierde el control antes de empezar. Explicamos cómo hemos organizado ese minuto en KIPUK, sin ninguna pantalla en las manos del alumnado.

Un partido de baloncesto en el patio de un instituto, con cinco jugadores en acción y el resto del grupo mirando desde la valla
Imagen generada con inteligencia artificial

Quien ha llevado una jornada deportiva en el patio sabe que el trabajo de verdad no es el partido. Es antes: pasar lista, hacer los equipos, repartir las pistas, saber quién juega dónde, apuntar resultados en un papel que se moja. Y dentro de ese antes, hay un minuto que lo decide todo: el momento de hacer los equipos. Es donde alguien se queda fuera, donde alguien elige y alguien es elegido el último, y donde el docente pierde el control del grupo antes de que empiece nada.

KIPUK nació para organizar ese minuto. Este artículo explica cómo lo hace, qué pasa después y dónde están los límites.

Seis pasos y ninguna pantalla en las manos del alumnado

La regla de partida es que el alumnado no necesita teléfono, ni cuenta, ni nada. Todo lo que hace en el patio lo hace con colores, tarjetas y puntos de encuentro. La única pantalla es el iPad del docente.

El orden de trabajo es este:

  1. El docente importa la lista del grupo desde Google Classroom, o la escribe a mano.
  2. Decide cuántos equipos habrá y reparte tarjetas físicas, numeradas y de colores.
  3. El alumnado se reúne por color. Sin pantallas: se mira la tarjeta y se va donde toca.
  4. El docente llama a cada persona y arrastra su nombre al color correspondiente desde el iPad. También se puede hacer con un toque, para quien no arrastra.
  5. Revisa en privado los apoyos que necesita alguien, los posibles aislamientos y el equilibrio de participación.
  6. Valida los grupos. Solo entonces se habilita crear la competición.

El paso cinco es privado a propósito. Lo que el docente sabe sobre un alumno, si necesita una pareja de apoyo o si conviene que no caiga solo en un equipo, no sale en ninguna pantalla que vea el grupo ni en ninguna tarjeta. Se tiene en cuenta y no se muestra.

Los equipos se pueden sortear de manera equilibrada o asignar a mano, persona a color. En ningún caso el sistema clasifica a nadie por género, capacidad, origen ni nivel: no tiene esos datos, y no los pide.

Los equipos rotan, el deporte va al partido

Una vez hechos, los equipos son fijos por el color de la tarjeta, y son los equipos los que rotan por las estaciones del patio. El deporte no va al equipo: va al partido. Así un mismo grupo de colores juega a baloncesto en una pista, después pasa a otra y hace otra cosa, y nadie es «el de fútbol».

A partir de aquí hay dos formatos. La jornada de aula, con los equipos de un solo grupo, y la liga de escuela, con equipos de grupos distintos. Las dos las puede crear cualquier docente. El calendario se genera solo, todos contra todos, con rotación de deportes y reparto de pistas según la capacidad de cada una, que el centro ha definido antes con los deportes que caben y cuántos partidos simultáneos admite. Una competición pasa por tres estados: borrador, publicada y cerrada. Mientras es borrador no la ve nadie.

Quien arbitra es el alumnado

Los resultados los apunta quien arbitra, y quien arbitra es alumnado: designado para una competición concreta, o con un rol permanente para las ligas de escuela. El resultado que apunta el árbitro es provisional; el docente lo valida. Las incidencias que se pueden registrar son gol, falta, tarjeta amarilla, roja, expulsión y juego limpio. Los goleadores solo se cuentan si el docente lo activa para esa competición; por defecto, no.

Todo el centro ve las competiciones publicadas: clasificación, calendario y resultados. Lo que no ve es ningún dato de nadie más allá del nombre y el grupo.

Lo que se valora no es solo el resultado

Al final de una jornada, el docente tiene una valoración rápida por equipo, con etiquetas: comprometido, cooperan, respeto, esfuerzo, inclusión, conflicto resuelto, necesita apoyo. Y una frase libre por equipo. Eso queda guardado y, si se quiere, se imprime como hoja con los equipos y las casillas en blanco para hacerlo a mano sobre la marcha.

También hay una encuesta de final de jornada. Las preguntas las escribe el docente, en escala del uno al cinco o de sí o no, y decide si la envía. El alumnado responde desde la vista pública y el docente ve los agregados. No ve quién ha dicho qué.

Datos mínimos

La conexión con Google Classroom pide solo dos permisos de lectura: los cursos y las listas. No pide notas, tareas, mensajes, ficheros ni fotos. El correo de cada alumno no se guarda: la lista se usa en la sesión del docente para preparar los equipos y no se persiste. Lo que queda en KIPUK son nombres y grupos. Nada más.

Se entra con la cuenta de Google del centro, y cada cuenta del dominio recibe al entrar la pertenencia mínima, la de alumno, que no permite crear nada. Los roles de docente, coordinación y administración los asigna el centro desde su propio panel de usuarios.

Qué no resuelve

Como siempre, lo que no hace.

Es un prototipo de la Escola Industrial. La documentación del proyecto dice, y tiene razón, que antes de un uso continuado con alumnado real hay que añadir auditoría de quién hace qué y una política de conservación de datos. Trabajamos en ello, pero no lo promete.

El criterio sobre cada alumno lo pone el docente. El paso de revisar apoyos y aislamientos es manual y privado. KIPUK no infiere nada sobre nadie, y por tanto no avisa de nada. La mirada es del docente.

No es para un centro sin Workspace. La entrada es con la cuenta de Google del centro y el dominio se registra al dar de alta el centro. Sin eso, no hay manera de entrar.

Las tarjetas son de verdad. Hay que tenerlas, numeradas y de colores, y repartirlas. Es la parte del sistema que no hemos querido digitalizar, porque es la que funciona.

Para empezar

La landing de KIPUK explica el proyecto con los tres pasos, y la ficha detalla qué hace y qué no. Si en vuestro centro os interesa probarlo, pedid el alta y registramos el dominio de vuestro Workspace.

Y si la cohesión del grupo es lo que os preocupa más que el deporte, Aules Sostenibles trabaja los retos de centro con el mismo criterio: rankings positivos, que hacen visible el progreso y no la derrota.

Las herramientas que aparecen

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