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Una herramienta digital para que se lea en papel: lo que hemos añadido a El Pla Lector este septiembre

El Pla Lector no sirve para leer en pantalla. Sirve para que los libros de papel que hay en cada aula no se pierdan, se sepa quién los tiene y lo que pasa con la lectura deje de ser una intuición. Explicamos el bloque de cambios de este inicio de curso, de los libros perdidos al aprovechamiento anotado en el aula.

Una biblioteca de aula con una estantería en forma de árbol llena de libros, alumnado de distintas edades leyendo en papel y un rótulo de El Pla Lector
Imagen generada con inteligencia artificial

Hay una contradicción aparente en una aplicación que se llama Pla Lector y que no tiene ni un solo libro digital. Es a propósito. Los libros del centro son de papel, viven en las aulas, y la lectura que queremos es la de papel. Lo que hay que digitalizar no es la lectura: es saber dónde están los libros, quién los tiene, cuáles se han perdido, cuáles se están arreglando, y qué pasa de verdad con la lectura en el aula, que es lo que ningún Excel dice.

El artículo de agosto explicaba cómo El Pla Lector cataloga las bibliotecas de aula de un instituto. Este explica el bloque de cambios que hemos hecho al inicio de curso, porque cada uno viene de un problema que teníamos.

El aula es el armario, no el grupo

El primer problema era de septiembre. Cada curso, los grupos cambian de aula, y los libros del aula no. Con el catálogo de antes, cada libro llevaba el nombre del grupo, y cada septiembre había que tocar cientos de fichas porque el «2.º E» que ponía ya no era el grupo que se sentaba allí.

Ahora cada libro tiene el aula donde está físicamente, un código como A101, y es el aula la que sabe qué grupo tiene este curso. En septiembre, la persona que administra el catálogo cambia el grupo de cada aula, unas treinta líneas, y no se toca ningún libro. El grupo de un libro no se guarda: se deduce del aula donde está. Parece un detalle técnico, y es lo que hace que el catálogo sobreviva al cambio de curso.

Un alumno con trabajo

En cada aula hay un bibliotecario o bibliotecaria, y es alumnado. Su trabajo es llevar la biblioteca de aula: apuntar préstamos y devoluciones, marcar lo que no vuelve. Hasta ahora este rol era una etiqueta. Ahora tiene plan lector como cualquier alumno, elige si trabaja la biblioteca de su aula o la del centro, y ve lo que le toca sin el filtro de grupo que solo estorba a quien ya sabe cuál es su aula.

Los que se pierden y los que se curan

Los libros se pierden. Esta es la parte que los inventarios no quieren decir. Hemos añadido a cada libro la fecha y el curso en que se dio por perdido, y una nota, y hay una pestaña de perdidos para quien lleva la biblioteca. Al importar el histórico del centro había doscientos sesenta y un libros perdidos en cursos anteriores, que antes no constaban en ningún sitio. Ahora constan, con el curso.

Y está el hospital. Los libros rotos, con el lomo abierto o las páginas sueltas, van a un sitio a arreglarse, y hasta ahora ese sitio era una maqueta dibujada en la pantalla que no guardaba nada. Ahora es una tabla de verdad: qué libro está, desde cuándo, qué le pasa. Veinticinco libros del histórico entraron el primer día.

El aprovechamiento, anotado en el aula

El cambio más grande es este. Hasta ahora sabíamos cuántos libros terminaba cada alumno. No sabíamos qué pasaba en el rato de lectura del aula: quién lee de verdad, quién pasa páginas, quién no ha abierto el libro.

Hay un rol nuevo, el docente de aula, que observa y no toca nada del catálogo. Cada día de lectura puede apuntar, para cada alumno, un nivel de aprovechamiento del uno al cuatro, o nada. Es un gesto de segundos por alumno, y al cabo de un mes es un dato que antes no existía. El alumno ve su propio historial de aprovechamiento: la decisión fue que sí, que quien lee tiene derecho a saber qué se anota de él. El tres de septiembre dimos de alta a sesenta y dos docentes de aula del centro.

Con esto, las estadísticas han cambiado. Se comparan grupos y niveles por libros terminados por alumno, no por total, porque un grupo de treinta no es un grupo de veinte. El aprovechamiento se ve por grupo, con la barra por niveles, la media y la tendencia mes a mes. Y no hay ningún curso escrito a mano en ningún sitio: el servidor da el dato por alumno y curso, y la pantalla lo ordena.

Quién ve qué

El profesorado ve qué ha leído cada alumno, la valoración que le ha puesto y la opinión que ha escrito. Y el alumno lo sabe cuando escribe: el formulario lo dice, en la misma frase. Los compañeros nunca ven las opiniones de los demás. Lo dudamos, y la razón de hacerlo así es que la opinión de un alumno sobre un libro es una de las conversaciones más útiles que un docente puede tener con él, y ocultarla al docente la convertía en un diario que nadie lee.

Qué no resuelve

Como siempre, lo que no hace.

No hay libros digitales, y no los habrá. Es un catálogo de papel. Quien busca lectura en pantalla busca otra cosa.

Septiembre sigue siendo trabajo. La asignación de aula a grupo del curso nuevo solo la sabe el centro, y hay que hacerla a mano cada año. Son treinta líneas, no trescientas, pero son treinta líneas.

Los importadores no hacen milagros. Al pasar el hospital, quince libros no se han podido emparejar con ningún ejemplar porque el título estaba escrito de forma distinta en la hoja que en el catálogo. Las hojas de cálculo de diez años tienen estas cosas, y alguien las tiene que resolver a mano.

Una instalación es un centro. Cada centro tiene su base de datos y entra con su dominio de Google. Poner una en marcha es trabajo nuestro, y el inventario inicial, en una hoja de cálculo, es trabajo vuestro.

Para empezar

Si vuestro plan lector es un documento y vuestro inventario es un Excel, la web de El Pla Lector explica por dónde empezar, y el alta se pide desde aquí. Pasamos la hoja de cálculo al catálogo el mismo día.

Y si lo que queréis es que el alumnado escriba además de leer, El Club de les Poetes Vives y dictats.cat van por el mismo camino: que la escritura sea una conversación con el docente, no una exposición delante del grupo.

Las herramientas que aparecen

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