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Un museo a oscuras: catorce sesiones de Educación Plástica y Visual convertidas en misiones

Los elementos del lenguaje visual son el primer tema de 1.º de ESO y a menudo el más gris: punto, línea, forma, textura, color, composición, ficha tras ficha. Explicamos cómo los hemos convertido en un museo que ha perdido la luz, un robot restaurador que recluta aprendices y una manera de evaluar donde la nota la pone siempre el docente.

ARCA, el robot restaurador de El Museu Apagat, con cara preocupada señala una galería de museo donde todos los marcos dorados están vacíos
Imagen generada con inteligencia artificial

Quien da Educación Plástica y Visual en 1.º de ESO conoce el bloque. Los elementos del lenguaje visual: el punto, la línea, la forma, la textura, el color, la composición. Es el fundamento de todo lo que viene después y es, casi siempre, la parte del curso que se hace con más fichas y menos ganas. No porque los conceptos sean aburridos, sino porque llegan como una lista.

El Museu Apagat es nuestra manera de no darlos como una lista. La premisa cabe en una frase: el museo ha perdido los puntos, las líneas, las formas, las texturas y los colores de sus obras, y ARCA, el robot restaurador, necesita aprendices para recuperarlos, misión a misión. Catorce misiones, una por sesión, y al final una galería donde cada alumno cuelga su obra.

Este artículo explica cómo está montado por dentro, y sobre todo cómo se evalúa, que es donde más tiempo hemos puesto.

Cada misión hace el mismo camino

Una misión siempre pasa por los mismos sitios, en el mismo orden: el objetivo, una exploración, el reto, un apartado avanzado para quien va sobrado, un cuestionario corto, una autoevaluación y el botón de guardar. Cuando el alumno ha hecho tres misiones ya sabe qué le espera en la cuarta, y puede ir solo. Eso es lo que hace que catorce sesiones se puedan hacer sin que el docente tenga que explicar el funcionamiento cada día.

En cada misión hay una pista de Historia del Arte con una obra real, de dominio público y verificada, donde se ve el elemento que se está trabajando. No es una decoración: es la prueba de que lo que parece una ficha es lo que usa cualquier pintor.

Un reto en la pantalla o en el papel

Cada misión tiene dos retos posibles y el docente elige cuál, para cada una.

El reto en la pantalla es una pequeña aplicación interactiva, una por elemento, que se corrige sola. Se dibuja, se coloca, se combina, y la aplicación dice si se ha entendido.

El reto en papel es un trabajo hecho con las manos, que el alumno fotografía como evidencia. Lo valora el docente, en una tabla o mediante una hoja de cálculo, y al hacerlo se desbloquea el sello de la misión igual que si lo hubiera corregido la máquina. Hemos querido que la pantalla no expulse el papel de una asignatura donde el papel es la mitad del trabajo.

El dosier es del alumno

Al final, o cuando quiera, el alumno genera su dosier: un PDF con todas las evidencias legibles y, adjunto dentro del mismo fichero, el registro completo de su progreso. Es suyo, se lo puede llevar y se puede imprimir.

Y es el puente con el docente. Si el centro usa la aplicación sin servidor, en modo local, el docente importa ese PDF y la aplicación lee lo que lleva adjunto. Con la cuenta de Google del centro, el progreso se sincroniza solo y el alumno puede cambiar de ordenador sin perder nada, pero el dosier sigue existiendo, porque un PDF en la mano es algo que todo el mundo entiende.

La nota la pone el docente

Esta es la decisión que ordena el resto. La aplicación no pone notas: propone.

Cuando el docente abre el trabajo de un alumno, la aplicación le propone una rúbrica de cuatro niveles para cada criterio, con la evidencia que lo justifica, un comentario y un aspecto a mejorar. Y una nota orientativa, que pondera la rúbrica, los cuestionarios y los retos superados. El docente puede cambiar cualquier cosa. Hasta que no pulsa confirmar, no hay nada guardado. Después, genera el PDF de evaluación del alumno, con el mismo nombre que el dosier, para que los dos documentos vayan juntos.

La evolución del grupo muestra lo que un docente quiere saber a mitad del bloque: cuántas misiones ha completado cada uno, cómo se reparten los niveles, quién va por debajo del ritmo, y una comparación que nos gusta especialmente: cómo se ve cada alumno en las autoevaluaciones frente a cómo rinde en los retos. La distancia entre las dos es una conversación que vale la pena tener.

Corregir el papel con ayuda, y por qué es una propuesta

Un docente de Educación Plástica y Visual acaba el trimestre con una pila de fichas escaneadas, de varios alumnos y misiones mezclados. El Modo Docente las puede leer: identifica de quién es cada página y de qué misión, contrastando el nombre escrito con la lista del grupo, y propone un nivel, una nota y un comentario a partir de la rúbrica, del objetivo mínimo si el alumno tiene plan de apoyo, y de sus puntuaciones anteriores.

Lo subrayamos: propone. El docente ve la propuesta, puede cambiar el alumno, la misión, el nivel, la nota y el comentario, y solo cuando confirma se crea la valoración y el trabajo corregido aparece en el dosier del alumno. Si el centro no activa la inteligencia artificial, esta pantalla lo dice y todo lo demás funciona igual.

El aula, y el idioma de cada alumno

Dos cosas más que han salido de usarlo.

El planificador de aula: los pupitres con la foto de cada alumno, el porcentaje de misiones con sello, si está presente o ausente hoy, y si tiene la aplicación abierta en este momento. Se arrastra para distribuir y se guarda. Parece logística, pero saber que el alumno del fondo lleva cinco minutos sin tener la app abierta es lo que hace que te acerques.

Y el idioma. El docente puede fijar para cada alumno si lo ve todo en catalán o en inglés: misiones, obras, criterios, dosier, fichas y la voz de ARCA. Toda la experiencia del alumno cambia; el Modo Docente se queda en catalán. Es para el alumnado que acaba de llegar y todavía no lee catalán con comodidad, y es una adaptación que no marca a nadie, porque no se ve.

Qué no resuelve

Como siempre, lo que no hace.

Una instalación es un centro. La entrada con Google está ligada al dominio del centro y a los correos de su profesorado. Otro centro necesita la suya, y la preparamos nosotros.

Las fotos del aula son datos de menores. El planificador puede cargar las fotos desde la orla del centro. Que estén, y dónde, es una decisión del centro con su criterio de protección de datos, no de la herramienta. Sin fotos, funciona igual.

La nota orientativa es orientativa. La ponderación es una propuesta nuestra. Cada departamento tiene sus criterios, y lo que vale es lo que confirma el docente.

Es para 1.º de ESO y para este bloque. Catorce sesiones sobre los elementos del lenguaje visual. No es un curso entero de Educación Plástica y Visual, ni lo pretende.

Para empezar

museu.aulaia.cat es la instalación de la Escola Industrial; la ficha de El Museu Apagat explica qué hace y qué no. Si queréis la vuestra, pedid el alta.

Y si lo que os interesa es el paso del plano al volumen, Diedric3D hace el mismo camino con las vistas del dibujo técnico. Son dos herramientas que parten de la misma idea: que el lenguaje visual no se explica, se recupera.

Las herramientas que aparecen

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